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lunes, 9 de febrero de 2009

Los fumadores, entre el atraco y la estafa. A. Escohotado.

Leo este genial artículo en el blog de nuestros primos Dejar de Fumar que tenemos vinculado en el listado de la derecha y decido traérmelo cual urraca ladrona porque merece la pena echarle una lectura. El artículo tiene ya unos años, pero me ha gustado ver qué me suscita después de este tiempo de abstinencia y cambios de perspectiva.


Pensaba dejar los cigarrillos el próximo febrero, dando por suficientes 40 y muchos años de gran fumador, pero el recrudecimiento de la cruzada antitabaco justifica un ejercicio de solidaridad con quienes siguen fumando, y aspiran a ser respetados.
En efecto, los reglamentos no mandan que las tiendas de alpinismo estampen en sus artículos esquelas sobre peligros de la escalada; ni imponen a la manteca y la mantequilla esquelas parejas sobre los riesgos del colesterol. Ni siquiera los concesionarios de motos y coches deportivos deben incorporar algo análogo sobre accidentes de tráfico. Vendedores y bebedores de alcohol, quizá por respeto al vino de la misa, no son molestados. Quienes usan compulsivamente pastillas de botica resultan pacientes decorosos, y quienes toman drogas ilícitas son inocentes víctimas, redimibles con tratamiento. El tabacómano y el simple usuario ocasional de tabaco, en cambio, son una especie de leprosos desobedientes, que pueden curarse con sanciones y publicidad truculenta.

Es indiscutible que el humo molesta, y que debe haber amplias zonas para no fumadores. Sólo se discute qué tamaño tendrán en cada sitio (edificios, barcos, aviones) las zonas para fumadores. Cuando algo que usa un tercio de la población recibe una centésima o milésima parte del espacio -o simplemente ninguna- oprimimos a gran número de adultos, capacitados todos ellos para exigir que las leyes no reincidan en defenderles de sí mismos. Que las leyes prohíban, o impongan, actos por nuestro propio bien dejó de ser legítimo ya en 1789, al reconocerse los Derechos del Hombre y del Ciudadano, gracias a lo cual en vez de súbditos-párvulos empezamos a ser tratados como mayores de edad autónomos. Y es llamativo que en un momento tan sensible al respeto por muy distintas minorías cunda un desprecio tan olímpico hacia la única minoría que se acerca a una mayoría del censo. Sólo se entiende, de hecho, considerando la tentación de convertir los estados de Derecho en estados terapéuticos, legisladores sobre el dolor y el placer, donde lo que antes se imponía por teológicamente puro pueda ahora imponerse por médicamente recomendable.

Con todo, la sustancia del atropello no cambia al sustituir sotanas negras por batas blancas. Si atendemos al asunto concreto, vemos enseguida que la fanfarria terapeutista disimula y deforma sus términos. En primer lugar, la nicotina estimula, seda y previene algunas enfermedades; los agentes propiamente nocivos son alquitranes derivados de asimilarla por combustión. El gendarme terapéutico ¿se ocupa acaso de promover alternativas al alquitrán? Las primeras patentes de cajetillas con una pila que calienta el tabaco a unos cien grados, hasta liberar la nicotina sin producir alquitranes, tienen más de 20 años. Esos revolucionarios inventos para inhalar selectivamente han ido siendo comprados por las grandes tabaqueras, como es lógico; pero que Philip Morris o Winston se arriesguen a poner en marcha tanto cambio pide un cambio paralelo en la actitud oficial, hoy por hoy anclada al simplismo de satanizar la nicotina.

En segundo lugar, las incoherencias del terapeutismo coactivo brillan en el hecho de que sus desvelos por la salud del fumador no incluyen informar sobre o intervenir en qué fumamos, cuando el tabaco ronda una quinta parte del contenido de cada pitillo. El resto, llamado sopa, es una receta confidencial del fabricante, cuya discrecionalidad le permite novedades como añadir tenues filamentos de fósforo al papel, para que queme más deprisa. En tercer lugar, a este generalizado trágala se añaden promesas de doblar el ya exorbitante precio de las cajetillas, como si sumir en ruina al tabacómano le resultara salutífero.

Así, los deleites unidos a fumar -que son básicamente energía y paz de espíritu-, y los inconvenientes de dejar esa costumbre -que son desasosiego, y resucitar la codicia oral del lactante- pretenden solventarse con un cuadro de castigos: no saber qué fumamos, no tener alternativas a una inhalación de ilimitados alquitranes, padecer atracos al bolsillo, sufrir discriminación social, o comulgar con falsedades (como que estaremos a salvo de cáncer pulmonar, bronquitis, arteriosclerosis e infartos evitando el tabaco). Curiosamente, el cruzado farmacológico norteamericano, que está en el origen de esta iniciativa, se niega por sistema a reducir sus emisiones de gases tóxicos firmando Kioto, sin duda porque tragar humo de modo involuntario y no selectivo es tan admisible como inadmisible resulta tragarlo de modo voluntario y selectivo.

Ante tal suma de iniquidades, un grupo tan nutrido como el tabaquista debe reclamar los mismos derechos que cualquier minoría, empezando por regular él mismo sus propios asuntos. Actos de pacífica desobediencia civil en cada país, como encender todos los días varios millones de cigarrillos a cierta hora, parecen sencillos de organizar, y prometen tanta fiesta para los rebeldes como impotente consternación en el gendarme higienista.

Moliére lo comenta ya en L'amour médecin: «el tabaco es droga de gente honrada, como el café». Reconozcamos también que en tiempos de Moliére no se había descubierto el cigarrillo, ni Hollywood había promocionado tan abrumadoramente su empleo. Doy por evidente que los ceniceros sucios despiden un olor asqueroso, que el tabacómano es una especie de manco, y que fumar muchos cigarrillos genera a la larga efectos secundarios funestos. No por ello resulta más arriesgado que conducir deprisa. Ni es más insensato que ignorar el cultivo del conocimiento, la práctica de la generosidad o prepararse cada uno para su venidera muerte. Lo arriesgado es que la ley saque los pies del tiesto, lanzándose a proteger a los ciudadanos de sí mismos, como si la sociedad civil pudiera administrarse a la manera de un parvulario.

Cuando nos atracan entregamos el botín a disgusto, conscientes de padecer una agresión. Cuando nos estafan lo damos a gusto, imaginando hacer un buen negocio. Pero es estafa, y no buen negocio, cargar con planes eugenésico-paternalistas que siempre aúnan despotismo con frivolidad. Dejar de fumar sólo cuesta tanto porque sus efectos primarios -anímicos y coreográficos- generan un placer sutil. Sin duda, haremos bien dejando de fumar compulsivamente, mientras eso no nos amargue el carácter y desemboque en efectos secundarios como obesidad, inquietud o sustitutos químicos para la sedación-estimulación que obteníamos encadenando cigarrillos. Como dijo Epicteto, "nada hay bueno ni malo salvo la voluntad humana", y si lo olvidamos todo el horizonte se torna banal, no menos que proclive a confundir opresión con protección, estafa con benevolencia.

Antonio Escohotado

Fuente: www.escohotado.org

viernes, 28 de noviembre de 2008

¿Vacuna anti-tabaco?

En los últimos 8-10 años, cada vez se conocen más las bases de por qué una persona se vuelve adicta. Eso es muy importante ya que permite buscar y fabricar los medicamentos que bloqueen las causas de esta adicción.

Toda la base está en el cerebro. El del fumador crea unos receptores que se unen con la nicotina y producen una sustancia conocida como dopamina, que es la responsable que el fumador obtenga el placer de fumar. Posiblemente, en los próximos 5 años se va a poder utilizar una serie de fármacos que den la oportunidad a esos pacientes que tienen grandes problemas para dejar de fumar.

Un ex-fumador tiene esos receptores dormidos; en el momento en que vuelve a fumar un sólo cigarrillo, estos receptores despiertan y se activan. Por eso se estudia como bloquear esos receptores y engañarlos. Se investiga conseguir una molécula idéntica a la nicotina y que bloquee los receptores.

Las grandes indicaciones de las vacunas de nicotina serían: los adolescentes, para evitar su adicción al tabaco y el fumador a largo plazo, que en determinadas situaciones no se sabe gestionar sin un cigarrillo.

El tabaco tiene múltiples sustancias, pero la única adictiva es la nicotina y que no causa ninguna enfermedad relacionada con su consumo. Por eso la vacuna no controlaría los niveles en sangre de nicotina y con ello, el mono físico de esta sustancia. Para ello, se deben dar parches o chicles de nicotina y una vez superada esa fase, vacunar al fumador.

La vacuna está en una fase inicial de investigación y quedan muchas preguntas por contestar. En el momento que se empieza a comprender las bases que hacen que una persona sea adicta, pueden aparecer vacunas para otras sustancias como la cocaína.

Fuente: Vivir mejor

Última actualización de la noticia: 03/10/2008

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Medir la dependencia: Test de Fagerström

El test de Fagerström es el instrumento más útil, de los que disponemos en el momento actual, para medir el grado de dependencia física que los fumadores tienen por la nicotina. Se trata de un test de 6 preguntas con respuestas múltiples. Dependiendo de la respuesta que cada fumador dé a cada una de las preguntas se obtiene una determinada puntuación. Si el sujeto tiene entre 0 y 3 puntos (fumador ocasional), se dice que su grado de dependencia es leve; si obtiene entre 4 y 6, el grado es moderado (fumador habitual), y si tiene 7 o más, su grado es severo (fumador dependiente). Se ha demostrado que los fumadores con más alta puntuación en el test necesitan tratamiento farmacológico para dejar de fumar y que existe relación directa entre la puntuación del test y el desarrollo de enfermedades asociadas al consumo del tabaco.
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Este test es una escala profesional utilizada en la práctica clínica para valorar la dependencia al tabaco.


Instrucciones: A continuación se muestra un test con 8 apartados. En cada pregunta has de elegir una sola respuesta. Cada respuesta puntúa de 0 a 2 puntos, que coincide con el número que hay detrás de cada opción. Mientras realizas el test, has de sumar los puntos que obtienes al contestar cada respuesta elegida. La suma final es el resultado que has obtenido en el test y se corrige al final de la página.

Responde el test de forma sincera, es a ti mismx a quien ayudas con tu propia sinceridad.

1. ¿Cuántos cigarrillos fumas al día?

< 15 0 puntos
16-25 1 puntos
> 26 2 puntos

2. ¿Qué cantidad de nicotina contienen tus cigarrillos?

Baja (< 0,5 mg) 0 puntos
Media (0,6 a 1,1 mg) 1 puntos
Alta (> 1,2 mg) 2 puntos

3. ¿Inhalas el humo?

Nunca 0 puntos
A veces (de vez en cuando) 1 puntos
Siempre 2 puntos

4. ¿Fumas más frecuentemente por la mañana que por la tarde?

Sí 1 puntos
No 0 puntos

5. Tiempo transcurrido desde que te levantas hasta que fumas el primer cigarrillo:

Al despertar (menos de 30 minutos) 1 puntos
Después de desayunar (más de 30 minutos) 0 puntos

6. ¿Qué cigarrillo te produce mayor satisfacción o te costaría más suprimir?

El primero del día 1 puntos
Cualquier otro 0 puntos

7. ¿Fumas cuando estás enfermo?

Sí 1 puntos
No 0 puntos

8. ¿Fumas en lugares prohibidos (hospitales, cine, metro)?

Sí 1 puntos
No 0 puntos

SOLUCIONES AL TEST

Una vez sumados el total de puntos que has obtenido en el test, verás que tu resultado se encuentra dentro de alguno de los siguientes apartados:

Puntuación total de 0-4 puntos: Dependencia baja o ausencia de dependencia; tú no tienes un habito tabáquico establecido y no tienes dependencia a la nicotina. Aprovecha el momento para abandonar el tabaco por completo, ya que fumar ocasionalmente es un factor de riesgo para iniciar una dependencia a la nicotina.

Puntuación total de 5-6 puntos: Dependencia media o moderada; tu dependencia a la nicotina es intermedia o moderada. Aprovecha el momento para abandonar el tabaco por completo. El consumo de tabaco de forma intermitente es un factor de riesgo para establecer una dependencia severa a la nicotina.

Puntuación total de 7-11 puntos: Dependencia alta o muy alta; tienes una dependencia a la nicotina severa. Es importante que te plantees abandonar el tabaco ya que produce serios problemas de salud.

Recuerda que los resultados del test tienen un valor orientativo y no pueden reemplazar una valoración completa realizada por un psiquiátra o psicólogo en una entrevista clínica convencional. Si quieres tener una mayor certeza sobre el resultado, consúltanos por e-mail o acude a tu psiquiátra de referencia.

Fuente: Web Psiquiatría y Psicología

domingo, 19 de octubre de 2008

El mayor enemigo: Nosotrxs mismxs y nuestro subconsciente

Muchas personas deciden dejar de fumar y no lo consiguen. La falta de fuerza de voluntad y el estrés (nunca es el mejor momento), hacen difícil un buen resultado. En las adicciones no hay fórmulas mágicas. Aunque por ley cada vez más fumadores se ven obligados a dejar de fumar es importante tener claro que es una DECISION PERSONAL.

Todos hemos escuchado la gran cantidad de perjuicios en la salud que produce el tabaco. Sin embargo, las personas desarrollan una fuerte relación con sus adicciones y crean respuestas emocionales de todo tipo. Pueden odiar su adicción con pasión y luchar contra ella y a la vez experimentarla como algo que les ha acompañado durante mucho tiempo. Se utiliza la adicción para eludir situaciones, procurarse otros beneficios, se acostumbra a ello y hasta cierto punto se llega a querer esa adicción. Aparecen emociones positivas como gratitud, lealtad, tranquilidad, paz que tienen un papel muy importante.

Los fumadores están acostumbrados a escuchar cosas terribles sobre la mala salud que produce el tabaco. Perjuicios que fumadores o no, conocen de sobra. Racionalmente el tabaco es malo. Pero emocionalmente se está ligado a él y se ha a creado un hábito de fumar. Estos tres puntos, razón, emoción y hábito deben estar en consonancia para poder conseguir el propósito de dejar de fumar.

Identificar motivaciones y beneficios de fumar: Todos dicen que fumar es malo, pero sin embargo nos aporta beneficios a los que nos aferramos para no dejar de fumar. Estos beneficios, en su mayoría son creados por nosotros, debemos detectarlos, analizarlos para saber con que refuerzos y resistencias nos enfrentamos y trabajarlos.

Los miedos y creencias: Impiden dejar de fumar. Bien porque en su momento de inicio fueron importantes para mantener el hábito o bien porque aparecen ante la idea de dejar de fumar: engordaré.. fumar me quita la ansiedad.. creo que no podré dejar de fumar.. tendré mono.. no podré dejar de disfrutar el cigarrillo de después de comer etc.. son miedos y creencias que aparecen ante un futuro sin adicción.

El hábito: Muchos de los cigarrillos que se fuman a lo largo del día no se disfrutan, no se sabe por qué se encienden, e incluso algunos quedan encendidos y consumidos en el cenicero sin reparar en que están allí. Se crean muchos hábitos asociados a fumar, se repite de forma automática el acto de encender un cigarrillo cada vez que se realizan determinadas actividades. Las adicciones deben trabajarse como un comportamiento repetitivo, fuera del control.

Tomado del Blog Dejar de Fumar

que lo ha elaborado a partir de la web de Victoria Cadarso
(Mira que os pongo los links y no me leéis nada, ¿eh...?)

lunes, 13 de octubre de 2008

¿Y AHORA QUIEN SOY?

Es cierto lo de los cinco meses y medio, LTF. Es impresionante pensado como vos lo decís, y también es cierto que -como los partos - uno se olvida pronto de los padecimientos iniciales. Los ataques de ansiedad, las taquicardias, las disfonías, los ansiolíticos, los miedos (¡yo tuve muchos miedos, es verdad, fue tremendo!) y la soledad profunda, de esa dolorosa que pasamos de a ratos los aspirantes a ex fumadores, las ganas reales (las genuinas que en sí mismas pobrecitas no son la monstruosas de la adicción) de disfrutarse un puchito en tal o cual momento, los ataques de ira, los de tristeza, los de llanto. Todo, todo eso que junto es un padecimiento importante, va pasando y por momentos parece que le ha pasado a otro ¿no? Será que uno se olvida, que se parece a los partos porque parimos un ex fumador y eso es un hecho importante para la vida.
Lo cierto también es que como la crianza, el sostenerse parece no terminar nunca. Como una zanahoria en la nariz que va mutando, allá vamos. Y dejamos la botellita de agua que pareció parte de nuestras manos, y dejamos de caminar como locos, y dejamos de dejar ver a los amigos, y dejamos de temer, y dejamos de comer, y reemplazamos por otras maneras, pero como sabemos, siempre alertas. Siempre en vigilia. Incluso, en lo personal, también voy sintiendo a veces hasta un síndrome del nido vacío, cuando hay días que me cuesta menos o me ocupo mucho de otras cosas y queda espacio, creo que hasta me deprime un poquito ya no estar en la euforia permanente de ser una dejadora.
Yo no se si es la adicción solamente. Creo que para algunos de nosotros el hecho cultural del ser fumador tiene un peso que hace al cigarrillo parte constitutiva de nuestra personalidad. Las gentes de izquierdas fumaban, Los intelectuales fumaban. Las mujeres sexy fumaban. Las mujeres independientes, las divorciadas, fumaban. Los artistas fumaban. Los tíos piolas fumaban. Los que resistían en todas partes, fumaban. Ser fumador en un tiempo no era sólo ser un boludo coptado por las publicidades de marlboro.
Ser fumador, al menos en mi lugar en el mundo, también tenía que ver con una manera de ser y de resistir. Y no quiero decir con esto, no soy tan boba, que la ultra derecha no fuma. Pero hay claramente para mí, y para muchos como yo, una asociación importante entre la adicción al tabaco y muchas elecciones ideológicas, éticas y de valores, del mismo modo que las hay a los momentos de placer o de estrés o lo que ya sabemos.
Auriga, por favor, no empieces a gritarme que no voy a fumar para parecerme un poquito a Janis Joplin, ya no. Ni a Frida. Pero hace tiempo quería escribir sobre esto, porque no lo hace positivo. Ni siquiera lo hace mejor o peor. Pero en mi caso al menos, el querer parecerme a mi tía Dora que fumaba unos via appia mentolados, que era la única maestra rural en 400 km a la redonda y se echaba un pueblo al hombro, por ejemplo, tuvo que ver. Y les parecerá mentira, pero a mis 43, todavía asocio bastante su bravura para poder con todo, con aquel cigarrillo que se fumaba en una tranquera, a la tardecita y paradójicamente ¡a escondidas de mi abuela que decía que las que fuman son todas putas!
Anoche hablaba con una amiga y con uno de mis hijos, y ellos no podían creer que hasta hace quince años, acá se fumaba en los hospitales, encima de los bebés, en los colectivos. Les da muchísima risa cuando lo comentamos. Tampoco pueden creerme porque no lo recuerdan, que hace veinte años nos pasábamos el día entero en la playa y sin filtro solar, y que no se hacía cáncer de piel por eso. Lo que quiero decir es que la evolución del mundo, los cambios de paradigmas y las imágenes que reemplazan a imágenes no siempre son el correlato de que algo bueno nos está pasando. Y no estoy dudando de lo bueno que es dejar de meterse humo en la garganta y fuego en los labios. Estoy diciéndome a misma y quizás especialmente a una que yo conozco, que aunque a veces no parezca, es definitivamente bueno no fumar, que no traicionamos a nada ni a nadie por eso, y que sí, Taberna. Volvemos a ser las mismas.
Solo que nos costará un poco, en el estante de la identidad, acomodar el casillero "y también quisiera fumar como...."

Cómo destrozar tu look con Nicoclean




María, 20 años: "Con Nicoclean mantengo mis ojeras bien marcadas y oscuras"
¿Harta de tener tan buen aspecto?

Prueba Nicoclean, la nueva crema facial enriquecida con extractos de tabaco.

Sus microcápsulas penetran profundamente en tu epidermis liberando nicotina y otras toxinas.

De la mañana a la noche, tu piel tendrá un aspecto visiblemente más tenso y adquirirá un color más pálido, más fantasmal. Sin duda, darás miedo con sólo mirarte. Con Nicoclean, añadirás diez años a tu aspecto en menos de una semana.

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sábado, 11 de octubre de 2008

Contra las erecciones inoportunas: Nicocalm

Pues sí, amigxs. Después de minutos de investigación y tras arduas reflexiones al respecto que han colocado mi única neurona en el borde de la extenuación irreversible, creo haber encontrado la solución definitiva para todxs aquellxs que se sienten importunadxs por la desconcertante irrupción del deseo sexual en sus pacíficas vidas. Al módico precio de 99,99 € al mes Vd. puede vivir al fin libre de las tentaciones de la carne. ¿Lo sabrán en el Vaticano?

Por ello me decido a romper momentáneamente ese principio no escrito de este blog que prohíbe la publicidad y me atrevo a patrocinar este producto por el bien de todxs nosotrxs. El vídeo está en inglés pero si no pilláis da igual, se entiende cristalina y meridianamente.

¿Las erecciones inoportunas te fastidian la vida?
¿Te impiden dormir, te hacen perder la concentración, molestan a tu pareja?

¿Y estás harto de ese antiestético bulto en los pantalones?

Disponible en Nicomarket tienda online

jueves, 2 de octubre de 2008

Componentes psicológicos de la adicción a la nicotina




Fuente: Universidad de Sevilla
Autor: Vellisco García, A. Serv. Neumología. CE. Dr. Fleming,
Hospital Virgen del Rocío. Sevilla.

viernes, 29 de agosto de 2008

Knock - knock

¿Hay alguien en casa? ¿Por dónde andan todos?

Bueno…vine a abrir un poco y ventilar, y mañana ya pegaré una repasadita que la casa así vacía y todo, está hecha un asco.
¿Es que nadie vuelve de vacaciones más que yo?
¿Y vos, Berto? ¿Qué hiciste con mi dínamo gigante? Yo acá vendiendo mi cuerpo (en parcelas claro, porque está enorme) para juntar el dinero del envío y vos nada, ni una palabra.
Hasta he tenido que festejar sola mis cuatro meses ¡sola!

Bien. Aunque estoy conciente de estar hablando sola, mientras ventilo el pisito, les cuento que me fui nomás esos días al mar, y que estuvo precioso el viaje. Ni que hubieras estado adivinando, Berto, mis hermanos se quedaron sin fumar los cinco días y todo para no tentarme. Y en ese intento de no tentarme, hablamos muchísimo sobre el tabaco y han decidido dejarlo, finalmente. Muy bien, muy bien.
El no sentarme a fumar frente al mar, no le quitó nada ni al inmenso poder que tiene el mar sobre mí, ni a mí, ni a esa increíble relación que me une a él. No fumar allá fue exactamente como no fumar en ninguna otra parte. Solo una noche después de cena con todos mis primos y varios tragos y mucha algarabía, mmmmmmmmmmm hubo un tirón cortito pero duro. Pero pasó más rápido que volando. ¡Estoy contentísima!

Ahora que he vuelto, y pasados los cuatro meses, quiero encararle al tema del sobrepeso. Estas dos últimas semanas me he sumado unos tres kilos otra vez, y no me siento para nada bien ni física ni moralmente con eso, pero sí me siento por primera vez en condiciones de sumar otra entrada de autocontrol. Y compulsiva que soy, no puedo cuidarme un poquito de las comidas. Tengo que encararle a una dieta rigurosa y a rajatabla. Así que acá tengo a la mano el plan de la nutricionista. Y lo miro, y lo miro. Hasta que junte coraje.

Otro asunto relacionado al tabaco, y este es para que me lo analice Auriga y me destroce, si tiene a bien regresar. Es que soñé que alguien me pasaba un pucho en un fogón, o algo así, y que yo fumaba. Y que me daba tanto pero tanto asco que le decía a una amiga ¿cómo puede fumar la gente?
¡Yo sueño que nunca he fumado! Bien, eso es todo acá en el frente, por ahora. Cierro y mañana vengo con la fregona y unas flores, así que vamos, chicos. Vayan volviendo que se los extraña. Un abrazo.

martes, 19 de agosto de 2008

DUELO Y DUELO

Gracias Berto por ponerte a conversar con mi torpeza y mi negación. La verdad es que terminé de leerte con los ojos llenos de lágrimas y super angustiada. Es que no estoy para nada conciente de ser una drogadicta suplicando por volver. Lo tengo muy negado tal vez, pero no sé, de verdad no lo siento así. Y aunque siempre he sido complicada de cabeza, tampoco puedo creer estar haciéndome este tal mecansimo de fantasear con “mejor estar enferma terminal, así total ya piso el acelerador hasta el fondo y listo”. Porque no puedo imaginarme recayendo, volviendo a fumar. Tal vez todo este “no ver” provenga de no haberme preparado para tomar la decisión de dejar: no lo medité mucho, más bien que nada, ni me informé lo suficiente, ni nada. Incluso la depresión horrible de no querer levantarme de la cama que duró una semana, la pasé sin siquiera asociarla a la falta de tabaco, de nicotina o de pucho. Voy a tener que leer sobre adicciones para asumirme adicta. Porque no me siento adicta, la verdad.
Gracias también por las reflexiones en positivo acerca del viaje con mis hermanos al mar. Por mis hermanos, el susto viene de varios frentes. Ver a uno de los dos fumando -al otro no – y sobre todo después de almorzar en familia, a veces me da ganas. Y a los dos los envidio un poco desde siempre y por igual en su relación con el pucho. Ellos fuman cuando quieren y dejan cuando quieren, y en general fuman muy poco. A veces me regalaban las marquillas abiertas porque se les ponían viejas. Pasan largas temporadas sin prenderse ni uno. Otras veces fuman una etiqueta de una sola sentada, y vuelven a dejarlo por meses. Últimamente fuman bastante, pero sin ninguna compulsión, y están realmente muy contentos de que yo lo haya dejado. Casi no fuman en mi presencia. Pero cuando lo hacen se les nota el disfrute más que a los fumadores más mecánicos. De todas maneras, vamos a encontrarnos con nuestros primos allá, y va a ser emocionante, y vamos a comer rico, y vamos a tomar unos vinos de largas sobremesas alegres y va a haber conversaciones confidentes de uno en uno, y todo eso es más preocupante todavía que el hecho en sí de que ellos fumen cerca de mí. El combo completo. Esoy lista para rechinar los dientes como precio a tanta onda.
Con respecto al mar. Cuando lo escribía quizás no pensaba en que no iba a poder disfrutarlo sin fumar, pero tampoco pensé que podía disfrutarlo mejor sin humo y con olfato. Ya no mido mucho en el cotidiano esa clase de beneficios adquiridos, y no está bueno no capitalizarlo. Pero es así. La euforia de las mejorías va pasando y me enoja ver que para disminuir los riesgos cardíaco y oncológico me faltan cinco y diez años respectivamente. No es una buena zanahoria ya.
En realidad creo que lo que siento, es una especie de melancolía, a veces. Como que el cigarrillo ha sido un gran compañero de ruta. El de las buenas y las malas. Y esto sí me resulta inevitable sentirlo así cuando pienso, aún en los días en que no siento ningún grado de deseo. Esto de personificar al cigarrillo es una pavada increíble, pero así funciona. Ya sé que el pucho no puede abandonarme. No estoy tan en la banquina. Pero siento que me cuesta más el duelo por esa suerte de compañía que me representaba, que la abstinencia en sí o la repetida decisión de no volver a prenderme uno nunca más. Ahí voy, Beto. Acá era. Termino de escribir lo que termino de escribir, y se me llenan de nuevo los ojos de lágrimas. Y lo releo y lloro. Al fin, al cabo de ciento quince días (acabo de mirar en el quitómetro porque ya no llevo la cuenta) lloro por el compañero como si hubiera sido bueno.
Qué boluda, cómo no me di cuenta antes. La noción de la soledad, otra vez en el fondo de mis problemas. Ya muchas soledades, muchas, han dejado de ser enemigas. A esta no la había mirado todavía. Creo que acabo de empezar un duelo. Un duelo de verdad. Porque a muchas cosas me niego y no miro. Pero yo sé que nunca más voy a fumar. Doble duelo, entonces. El del dolor que viene "del dolus, fraude, engaño, etc", y el del “combatir entre dos personas”.
Me fui al carajo con la escritura, ya sé. Y la angustia le ha dado paso a una tristeza mansísima pero prometedora. Voy a poner esto en un hilo nuevo. A ver qué pueden contarme ustedes sobre la tristeza de ya no ser. O la tristeza de nunca más. O la tristeza de estar desprovistos de aquella compañía tan pero tan segura, que sólo depende de nosotros mismos el que esté ahí. Y de nada ni nadie más. Fatal. Pero al menos ya sé, de otros cuartos de mi vida, que nada puede tapar los orificios. Y menos que menos el cigarrillo.
Gracias, otra vez, Berto. No hubiera llegado hasta acá sin tus señales.

sábado, 2 de agosto de 2008

El placer es el inicio de todas las adicciones

Extracto de entrevista con Rafael Maldonado, Farmacólogo, publicada en El Periódico el 10/06/08. RM es catedrático de Farmacología en la Universitat Pompeu Fabra e investiga los cambios que origina el consumo de drogas en el comportamiento de las personas.
* ¿Existe vinculación entre las adicciones y los trastornos afectivos?
Sí, claro, hay una vinculación tremenda. Un sujeto adicto tiene una enfermedad que se llama adicción, que está incluida en los criterios que definen la patología mental. (...)

*¿Cómo se inicia una adicción?
Es una enfermedad compleja que depende de la vulnerabilidad genética individual, del grado de aceptación e integración social que tenga la droga y de que sea accesible. (...)
*
¿Qué pasa por la mente de quien sabe que el tabaco puede provocar cáncer pero sigue fumando?
La adicción le ha cambiado los circuitos cerebrales que controlan su comportamiento. La vida racional, eso que nos hace ir cada mañana al trabajo aunque no nos apetezca, depende del córtex cerebral, pero hay otra estructura, el sistema límbico, que rige las emociones y la vida instintiva. En los sujetos adictos, la vida instintiva y emocional domina el comportamiento. La droga provoca un sentimiento placentero y ahí no hay raciocinio que valga. Eso es superior a la conciencia de riesgo.

* ¿El objetivo inicial de quien toma una droga es sentir placer?
Sí. Siempre. Y todas son susceptibles de dar placer, aunque el primer cigarrillo no siente bien. El placer es el inicio de todas las adicciones. Una vez creada la dependencia, la droga golpea y cambia el circuito límbico del cerebro, el que percibe el placer. Lo altera y, poco a poco, el sujeto que consumía droga para disfrutar, lo hace para no encontrarse mal, que es diferente. En un adicto, el placer ha desaparecido, está siempre mal, y toma la droga para encontrarse normal, lo cual es un drama.

* Hay quien fuma porque dice que eso le quita la ansiedad.
La nicotina disminuye ligeramente el estado de ansiedad a los fumadores, pero les provoca una adicción. Trátate la ansiedad, pero no fumes.
Ver artículo completo

lunes, 21 de julio de 2008

Un año sin fumar. Maruja Torres.

Querid@s tod@s, rescato este texto de Maruja Torres que tiene ya cinco añitos, y que ya sabéis que me gusta mucho (el texto y también Maruja...). Así que aquí os lo dejo. Si alguien localizase la fuente original de El País, comentádmelo, por favor. Creo que debe de ser de un dominical en torno al 18 de mayo de 2003, pero no podría asegurarlo.
"(...) Un año sin fumar. Felicítenme. Un año sin toser por la mañana. Un año sin que los bronquios hablen también por la radio cuando yo estoy ante el micro. Un año sin que me chulee la Philip Morris. Un año sin que mi ropa apeste, ni mis sofás y mi ropero atufen. Un año sin depender de la máquina del bar ni del horario de los estancos. Un año sin tener que aceptar cualquier muestra de mierda cuando se ha terminado mi marca de cigarrillos predilecta. Un año sin sufrir en los lugares en donde se prohibe fumar, sin pedir permiso en los ascensores para mantener encendido el horrendo pucho; un año sin pedir perdón. Medio año sonriendo con envidiosa tristeza cuando alguien encendía un pito cerca de mi, otro medio año, el siguiente, sonriendo con hipócrita tolerancia cuando alguien prende un pitillo a mi lado. Un año con un apetito bestial; la mitad de ese año, a régimen. Un año sabiendo cada día, como sé ahora mismo, que la victoria de cada día es precisamente la que hay que ganar. Un año es un año es un año es un año sin fumar. El tabaco, lo recuerdo bien. Me besaba en los labios, mientras me abrasaba por dentro. Era tentador y traicionero como un mal amor. Lo recuerdo bien, quizá por eso.(...)"
Fuente: http://www.miluchacontraeltabaco.com/node/2061