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sábado, 14 de febrero de 2009

Cómo dejé de fumar

miércoles, 31 de diciembre de 2008

CICLOS

Hola a todos.
Ahora sí se viene una celebración con la que me siento bastante más cómoda que con la Navidad, no porque la Navidad me joda, sino porque el Año Nuevo me gusta. No es que me gusten los balances, ni los amontonamientos en los supermercados, ni los embotellamientos. Pero me gusta el Año Nuevo porque me gustan los ciclos. Los ciclos me gustan cuando empiezan, cuando terminan y cuando van por la mitad, también me gustan. Porque no sé ve ninguna de las dos orillas, y entonces hay que remar, nomás, sin tanto larái larái.
Sin dudas que este año que pasa será memorable para mí por muchas razones, como el temblor inesperado del capitalismo, por una crisis increíble e inexplicable que se sostuvo acá en la Argentina, por algo que me divirtió muchísimo que fueron los zapatazos para Bush. No me digan que no fue divertido. Y que ganara Obama, también.
En lo personal también ha sido un año plagado de pequeños hitos que un día serán las efemérides del 2008. El año en que volvió el Negro, el año en que nació Manuel, el año que pintamos la casa de azul, el año en que hicimos el primer Simposio, el año que etcétera, etcétera. Pero ustedes ya saben que para mí 2008 será para siempre jamás el año en que dejé de fumar. Y también saben con quiénes pude hacerlo y compartirlo. Al fin que ni Obama ni Bush se enteran, ni mi presidenta. Y si bien me han visto rabiar y engordar, la familia y los amigos no saben verdaderamente lo que ha sido dar la pelea a brazo partido, comerse las uñas, las falanges y después lo muñones pero no volver a tocar un cigarrillo. Ustedes son al fin los que saben que tenía miedo de tener miedo cuando me atacaron las primeras ansiedades, y son los que saben y no sólo saben, sino que estuvieron ahí, peleándola ustedes mismos también con garra y con mucho sentido del humor, con cariño, con fuerza, y con paciencia. Y con rigor.
La verdad es que ni me acuerdo de cómo fue que se me ocurrió no volver a fumar, pero me acuerdo perfectamente de cuánto me ayudaron ustedes en el camino. Los que venimos del orfanato, los que empezaron a llegar después, los que desaparecieron en el camino, todos. Y entonces es raro, porque no puedo ponerle cara a los nombres, y posiblemente nunca nos veremos o sí (si el Euro se me aquieta un poco, perdón, los visitaré, no se salvarán) pero son ustedes, unas personas de las que en abril ni sospechaba su existencia, las personas con las que he compartido la historia más fuerte de mi año, de muchos años.
Lo que queda entonces por delante es brindar con ustedes y agradecerles, de esta manera extraña que es la virtualidad, porque han sido mis más cercanos en mi más compleja – a veces buena, a veces horrible - conquista del año. Y han sido unos verdaderos y buenos amigos. Salud. Y por el 2009, claro. Gabriela

sábado, 29 de noviembre de 2008

VACUNAS

Y la vacuna anti - vacío ¿Para cúando? Porque con esa ya no tendríamos que ser adictos a nada: ni al trabajo, ni al alcohol, ni al juego, ni al amor, ni a dolernos, ni a sentirnos alegres, ni a nada.
Como la Naranja Mecánica, pero de amplio espectro. ¡Esa sería una verdadera revolución! y no una gotita de mierda en la punta de una agujita de mierda.

Y la del sida ¿Para cuándo? Y la anticorrupción ¿para cuándo?
Vacuna anti - tabaco. Joderse. Con el mundo que se viene abajo de la mugre...
Editado en 1/12/08 por LTF
Perdona, Gabi, que me inmiscuya en tu entrada, pero es que no me cabía esto en el comentario... Con todo cariño:

martes, 25 de noviembre de 2008

CASI DE SORPRESA


Hola a todos.He andado un poco lunar y medio loca. Las tiroides no me han estado ayudando, ni el estrés de fin de año, ni ná. Pero básciamente, las hormonas locas me tienen aceleradísima el 90 por ciento del tiempo, y después me dejan planchada el 10 restante, y con ganitas de llorar. Pero bien, como trabajr se trabaja, hace un rato sentada acá frente a mi PC, tuve una revelación del propio Admin. y su Quitómeterrrrr. Escuchen:No fumo desde hace 7 meses, 1 hora y 5 minutos. En este tiempo he dejado de fumar 6.421,36 cigarrillos y me he ahorrado 1.284,27 PesosLa verdad es que no me he sentido especialmente feliz en estos días, y de chequeo en chequeo, he llegado a suponer que dejar el tabaco me descontroló un equilibrio de mierda, pero equilibrio al fin...No me retes Auriga, que estoy muy sensible y ya se que puede ser la trampa para vovler a fumar. Pero también me lo ha dicho el endocrinólogo, que dejar de fumar de golpe, de 30 diarios a 0, a veces altera status quo glandulares y otros varios. Igual, lo otro que quería decir es que a pesar de los malestares físicos y los manoseos médicos y la falta de un buen diagnóstico y esta lloradera de a ratos, estoy feliz de no fumar. Muy satisfecha. Y aunque todavía oficialmente me falten cinco meses , les puedo asegurar ya mismo en este instante, que nunca más me doy una seca. Así nomás. Nunca más. Abrazo a todos, y volveré cuando esté más estable, jjja. Que locos sobran ya en este pisito. Porque no escribiré, pero tampoco les pierdo una entrada...Tabi. Ya iba a lograr yo algo matandome de hambre, si ¡no funciona no funciona!

Editado por LTF: Ilustración cortesía de servidora...

lunes, 13 de octubre de 2008

¿Y AHORA QUIEN SOY?

Es cierto lo de los cinco meses y medio, LTF. Es impresionante pensado como vos lo decís, y también es cierto que -como los partos - uno se olvida pronto de los padecimientos iniciales. Los ataques de ansiedad, las taquicardias, las disfonías, los ansiolíticos, los miedos (¡yo tuve muchos miedos, es verdad, fue tremendo!) y la soledad profunda, de esa dolorosa que pasamos de a ratos los aspirantes a ex fumadores, las ganas reales (las genuinas que en sí mismas pobrecitas no son la monstruosas de la adicción) de disfrutarse un puchito en tal o cual momento, los ataques de ira, los de tristeza, los de llanto. Todo, todo eso que junto es un padecimiento importante, va pasando y por momentos parece que le ha pasado a otro ¿no? Será que uno se olvida, que se parece a los partos porque parimos un ex fumador y eso es un hecho importante para la vida.
Lo cierto también es que como la crianza, el sostenerse parece no terminar nunca. Como una zanahoria en la nariz que va mutando, allá vamos. Y dejamos la botellita de agua que pareció parte de nuestras manos, y dejamos de caminar como locos, y dejamos de dejar ver a los amigos, y dejamos de temer, y dejamos de comer, y reemplazamos por otras maneras, pero como sabemos, siempre alertas. Siempre en vigilia. Incluso, en lo personal, también voy sintiendo a veces hasta un síndrome del nido vacío, cuando hay días que me cuesta menos o me ocupo mucho de otras cosas y queda espacio, creo que hasta me deprime un poquito ya no estar en la euforia permanente de ser una dejadora.
Yo no se si es la adicción solamente. Creo que para algunos de nosotros el hecho cultural del ser fumador tiene un peso que hace al cigarrillo parte constitutiva de nuestra personalidad. Las gentes de izquierdas fumaban, Los intelectuales fumaban. Las mujeres sexy fumaban. Las mujeres independientes, las divorciadas, fumaban. Los artistas fumaban. Los tíos piolas fumaban. Los que resistían en todas partes, fumaban. Ser fumador en un tiempo no era sólo ser un boludo coptado por las publicidades de marlboro.
Ser fumador, al menos en mi lugar en el mundo, también tenía que ver con una manera de ser y de resistir. Y no quiero decir con esto, no soy tan boba, que la ultra derecha no fuma. Pero hay claramente para mí, y para muchos como yo, una asociación importante entre la adicción al tabaco y muchas elecciones ideológicas, éticas y de valores, del mismo modo que las hay a los momentos de placer o de estrés o lo que ya sabemos.
Auriga, por favor, no empieces a gritarme que no voy a fumar para parecerme un poquito a Janis Joplin, ya no. Ni a Frida. Pero hace tiempo quería escribir sobre esto, porque no lo hace positivo. Ni siquiera lo hace mejor o peor. Pero en mi caso al menos, el querer parecerme a mi tía Dora que fumaba unos via appia mentolados, que era la única maestra rural en 400 km a la redonda y se echaba un pueblo al hombro, por ejemplo, tuvo que ver. Y les parecerá mentira, pero a mis 43, todavía asocio bastante su bravura para poder con todo, con aquel cigarrillo que se fumaba en una tranquera, a la tardecita y paradójicamente ¡a escondidas de mi abuela que decía que las que fuman son todas putas!
Anoche hablaba con una amiga y con uno de mis hijos, y ellos no podían creer que hasta hace quince años, acá se fumaba en los hospitales, encima de los bebés, en los colectivos. Les da muchísima risa cuando lo comentamos. Tampoco pueden creerme porque no lo recuerdan, que hace veinte años nos pasábamos el día entero en la playa y sin filtro solar, y que no se hacía cáncer de piel por eso. Lo que quiero decir es que la evolución del mundo, los cambios de paradigmas y las imágenes que reemplazan a imágenes no siempre son el correlato de que algo bueno nos está pasando. Y no estoy dudando de lo bueno que es dejar de meterse humo en la garganta y fuego en los labios. Estoy diciéndome a misma y quizás especialmente a una que yo conozco, que aunque a veces no parezca, es definitivamente bueno no fumar, que no traicionamos a nada ni a nadie por eso, y que sí, Taberna. Volvemos a ser las mismas.
Solo que nos costará un poco, en el estante de la identidad, acomodar el casillero "y también quisiera fumar como...."

viernes, 29 de agosto de 2008

Knock - knock

¿Hay alguien en casa? ¿Por dónde andan todos?

Bueno…vine a abrir un poco y ventilar, y mañana ya pegaré una repasadita que la casa así vacía y todo, está hecha un asco.
¿Es que nadie vuelve de vacaciones más que yo?
¿Y vos, Berto? ¿Qué hiciste con mi dínamo gigante? Yo acá vendiendo mi cuerpo (en parcelas claro, porque está enorme) para juntar el dinero del envío y vos nada, ni una palabra.
Hasta he tenido que festejar sola mis cuatro meses ¡sola!

Bien. Aunque estoy conciente de estar hablando sola, mientras ventilo el pisito, les cuento que me fui nomás esos días al mar, y que estuvo precioso el viaje. Ni que hubieras estado adivinando, Berto, mis hermanos se quedaron sin fumar los cinco días y todo para no tentarme. Y en ese intento de no tentarme, hablamos muchísimo sobre el tabaco y han decidido dejarlo, finalmente. Muy bien, muy bien.
El no sentarme a fumar frente al mar, no le quitó nada ni al inmenso poder que tiene el mar sobre mí, ni a mí, ni a esa increíble relación que me une a él. No fumar allá fue exactamente como no fumar en ninguna otra parte. Solo una noche después de cena con todos mis primos y varios tragos y mucha algarabía, mmmmmmmmmmm hubo un tirón cortito pero duro. Pero pasó más rápido que volando. ¡Estoy contentísima!

Ahora que he vuelto, y pasados los cuatro meses, quiero encararle al tema del sobrepeso. Estas dos últimas semanas me he sumado unos tres kilos otra vez, y no me siento para nada bien ni física ni moralmente con eso, pero sí me siento por primera vez en condiciones de sumar otra entrada de autocontrol. Y compulsiva que soy, no puedo cuidarme un poquito de las comidas. Tengo que encararle a una dieta rigurosa y a rajatabla. Así que acá tengo a la mano el plan de la nutricionista. Y lo miro, y lo miro. Hasta que junte coraje.

Otro asunto relacionado al tabaco, y este es para que me lo analice Auriga y me destroce, si tiene a bien regresar. Es que soñé que alguien me pasaba un pucho en un fogón, o algo así, y que yo fumaba. Y que me daba tanto pero tanto asco que le decía a una amiga ¿cómo puede fumar la gente?
¡Yo sueño que nunca he fumado! Bien, eso es todo acá en el frente, por ahora. Cierro y mañana vengo con la fregona y unas flores, así que vamos, chicos. Vayan volviendo que se los extraña. Un abrazo.

martes, 19 de agosto de 2008

DUELO Y DUELO

Gracias Berto por ponerte a conversar con mi torpeza y mi negación. La verdad es que terminé de leerte con los ojos llenos de lágrimas y super angustiada. Es que no estoy para nada conciente de ser una drogadicta suplicando por volver. Lo tengo muy negado tal vez, pero no sé, de verdad no lo siento así. Y aunque siempre he sido complicada de cabeza, tampoco puedo creer estar haciéndome este tal mecansimo de fantasear con “mejor estar enferma terminal, así total ya piso el acelerador hasta el fondo y listo”. Porque no puedo imaginarme recayendo, volviendo a fumar. Tal vez todo este “no ver” provenga de no haberme preparado para tomar la decisión de dejar: no lo medité mucho, más bien que nada, ni me informé lo suficiente, ni nada. Incluso la depresión horrible de no querer levantarme de la cama que duró una semana, la pasé sin siquiera asociarla a la falta de tabaco, de nicotina o de pucho. Voy a tener que leer sobre adicciones para asumirme adicta. Porque no me siento adicta, la verdad.
Gracias también por las reflexiones en positivo acerca del viaje con mis hermanos al mar. Por mis hermanos, el susto viene de varios frentes. Ver a uno de los dos fumando -al otro no – y sobre todo después de almorzar en familia, a veces me da ganas. Y a los dos los envidio un poco desde siempre y por igual en su relación con el pucho. Ellos fuman cuando quieren y dejan cuando quieren, y en general fuman muy poco. A veces me regalaban las marquillas abiertas porque se les ponían viejas. Pasan largas temporadas sin prenderse ni uno. Otras veces fuman una etiqueta de una sola sentada, y vuelven a dejarlo por meses. Últimamente fuman bastante, pero sin ninguna compulsión, y están realmente muy contentos de que yo lo haya dejado. Casi no fuman en mi presencia. Pero cuando lo hacen se les nota el disfrute más que a los fumadores más mecánicos. De todas maneras, vamos a encontrarnos con nuestros primos allá, y va a ser emocionante, y vamos a comer rico, y vamos a tomar unos vinos de largas sobremesas alegres y va a haber conversaciones confidentes de uno en uno, y todo eso es más preocupante todavía que el hecho en sí de que ellos fumen cerca de mí. El combo completo. Esoy lista para rechinar los dientes como precio a tanta onda.
Con respecto al mar. Cuando lo escribía quizás no pensaba en que no iba a poder disfrutarlo sin fumar, pero tampoco pensé que podía disfrutarlo mejor sin humo y con olfato. Ya no mido mucho en el cotidiano esa clase de beneficios adquiridos, y no está bueno no capitalizarlo. Pero es así. La euforia de las mejorías va pasando y me enoja ver que para disminuir los riesgos cardíaco y oncológico me faltan cinco y diez años respectivamente. No es una buena zanahoria ya.
En realidad creo que lo que siento, es una especie de melancolía, a veces. Como que el cigarrillo ha sido un gran compañero de ruta. El de las buenas y las malas. Y esto sí me resulta inevitable sentirlo así cuando pienso, aún en los días en que no siento ningún grado de deseo. Esto de personificar al cigarrillo es una pavada increíble, pero así funciona. Ya sé que el pucho no puede abandonarme. No estoy tan en la banquina. Pero siento que me cuesta más el duelo por esa suerte de compañía que me representaba, que la abstinencia en sí o la repetida decisión de no volver a prenderme uno nunca más. Ahí voy, Beto. Acá era. Termino de escribir lo que termino de escribir, y se me llenan de nuevo los ojos de lágrimas. Y lo releo y lloro. Al fin, al cabo de ciento quince días (acabo de mirar en el quitómetro porque ya no llevo la cuenta) lloro por el compañero como si hubiera sido bueno.
Qué boluda, cómo no me di cuenta antes. La noción de la soledad, otra vez en el fondo de mis problemas. Ya muchas soledades, muchas, han dejado de ser enemigas. A esta no la había mirado todavía. Creo que acabo de empezar un duelo. Un duelo de verdad. Porque a muchas cosas me niego y no miro. Pero yo sé que nunca más voy a fumar. Doble duelo, entonces. El del dolor que viene "del dolus, fraude, engaño, etc", y el del “combatir entre dos personas”.
Me fui al carajo con la escritura, ya sé. Y la angustia le ha dado paso a una tristeza mansísima pero prometedora. Voy a poner esto en un hilo nuevo. A ver qué pueden contarme ustedes sobre la tristeza de ya no ser. O la tristeza de nunca más. O la tristeza de estar desprovistos de aquella compañía tan pero tan segura, que sólo depende de nosotros mismos el que esté ahí. Y de nada ni nadie más. Fatal. Pero al menos ya sé, de otros cuartos de mi vida, que nada puede tapar los orificios. Y menos que menos el cigarrillo.
Gracias, otra vez, Berto. No hubiera llegado hasta acá sin tus señales.

jueves, 24 de julio de 2008

Salud para Auriga ¡Y para mí también!

Lil, querida, y más más tarde que todos siempre ¿quién? .....¡¡¡¡¡¡Cha chánnnnnnn!!!!!! .....¡Gabriela!
Felicidades Auriga y de paso, como Neruda y sin su talento, me felicito a mí misma que en hora española, estoy cumpliendo también mi tercer mes.

(¿Viste LTF, que es solo cuestión de tiempo? En sólo 40 minutos logré crear mi propio A-Celebraciones. Si cualquier día de estos agarro y aporto un artículo.)