El viernes, en el trabajo, me crucé con un experto en esto de dejar de fumar que lleva casi 6 años en abstinencia. Nos encontramos muy poco porque, aunque él trabaja en el mismo edificio, lo hace para otro organismo pero siempre que pasa por mi despacho se asoma, me pone una sonrisa así de grande, me pregunta si sigo sin fumar y me anima enérgicamente a persistir. Es un tipo que siempre me contagia optimismo y energía y se lo agradezco mucho (si me lees, ¡gracias!). Como sabéis, hace poco que me he incorporado al trabajo después de una difícil baja y las vacaciones y todavía tengo cierta sensación de novata en mi propia oficina y mi mente aún tarda medio segundo más de lo normal en reaccionar. El caso es que el viernes aparece A. por un pasillo y como siempre me pregunta, me sonríe, me felicita, me anima y me alegra el rato. Pero a la pregunta '¿Sigues sin fumar?' me quedé algo estupefacta y tardé un momento en reaccionar y contestar algo así como '¡Claro, claro, ahí sigo!' Pero lo que sentí inmediatamente fue '¿De qué me habla este hombre? Por supuesto que sigo sin fumar, vaya pregunta, si YO NO FUMO...' Y el caso es que sé que nunca estaré a salvo, que siempre seré una adicta y que mis cuidados al respecto podrán reducirse a la invisibilidad pero nunca podré permitirme afirmar que estoy por encima de la adicción. No importa, el caso es que por un instante me sentí como si me preguntasen 'y qué, ¿al final te tatuaste aquella calavera en el culo?' Y me dije pa mí, dios mío, me parece que he hecho 'click', y me vi al otro lado del espejo como si Alicia hubiera vuelto al mundo donde todo es posible a pesar de haber cumplido 34.
Ahora recuerdo la última vez que pensé en el tabaco. Fue anoche mismo, viendo una película en la que el prota, ex-fumador, siempre lleva un cigarrillo encima para fumárselo en caso de muerte inminente o fin del mundo. (Se lo fuma, por supuesto, de eso va la peli). Al principio yo pensé algo parecido, si me fusilaran, pediría un último cigarrillo. Aunque al instante añadí, mentirosa, pedirías un Burdeos y otras cosas mucho más íntimas que una dama se reserva para sí. Pensé que fumaría, sí, pero lo pensé desde otra mirada, es complejo de expresar. Sé que debo tener cuidado de no acercarme mucho al espejo pero hoy por hoy me siento al otro lado.

