miércoles, 15 de octubre de 2008

Culebrón

En estos días estaría a punto de cumplir 5 meses sin fumar.

Pero no. Me he caído durante el camino 2 veces, de morros, y me he vuelto a levantar con rabia e insultándome en todos los idiomas conocidos.

Por débil, por estúpida, por descerebrada ....... y ahora, de nuevo en el camino, de nuevo sin fumar, intento no pensar demasiado en el tabaco, salgo a caminar por las noches, pedaleo en la bicicleta, sigo armada con mi botella de agua, saco las ganas y los ánimos bajo las piedras y resulta que mi pareja, aún fumadora, me dice al poco de levantarme de la segunda caída que (yo) no puedo pretender que (él) me dé una palmadita en la espalda por cada día que no fumo.

Que es mi decisión, cosa mía, mi historia, mi rollo personal ... que él no tiene "ganas" de dejarlo, que no le vuelva loco con el síndrome de abstinencia, etc, etc.

Curiosamente yo sí me abrazo mentalmente cada día que pasa sin fumar y me digo "venga, campeona, que no se diga. A por otro día más de libertad. El dolor acabará pasando ....".

Pero en los malos momentos le miro, sé que no tengo su apoyo y siento que me ahogo de la ansiedad. En realidad siendo él fumador, me pregunto si no estará deseando que vuelva a estamparme contra el suelo para decir: "¿ves? montas el lío para nada y siempre acabas volviendo. Antes o después, siempre vuelves".

Así que ahora me fumaría un cigarro, le miro, con ojos suplicantes para que me diga que yo puedo conseguirlo y para que se me quiten las ganas de fumar de golpe.

Pero no. Estoy sola.
"Salgo un rato", le digo. Y me voy de casa apretando los dientes.

Aprovecho el mensaje para mandaros un tímido saludo y un abrazo. Ahora mismo no tengo humor para mucho más.

lunes, 13 de octubre de 2008

¿Y AHORA QUIEN SOY?

Es cierto lo de los cinco meses y medio, LTF. Es impresionante pensado como vos lo decís, y también es cierto que -como los partos - uno se olvida pronto de los padecimientos iniciales. Los ataques de ansiedad, las taquicardias, las disfonías, los ansiolíticos, los miedos (¡yo tuve muchos miedos, es verdad, fue tremendo!) y la soledad profunda, de esa dolorosa que pasamos de a ratos los aspirantes a ex fumadores, las ganas reales (las genuinas que en sí mismas pobrecitas no son la monstruosas de la adicción) de disfrutarse un puchito en tal o cual momento, los ataques de ira, los de tristeza, los de llanto. Todo, todo eso que junto es un padecimiento importante, va pasando y por momentos parece que le ha pasado a otro ¿no? Será que uno se olvida, que se parece a los partos porque parimos un ex fumador y eso es un hecho importante para la vida.
Lo cierto también es que como la crianza, el sostenerse parece no terminar nunca. Como una zanahoria en la nariz que va mutando, allá vamos. Y dejamos la botellita de agua que pareció parte de nuestras manos, y dejamos de caminar como locos, y dejamos de dejar ver a los amigos, y dejamos de temer, y dejamos de comer, y reemplazamos por otras maneras, pero como sabemos, siempre alertas. Siempre en vigilia. Incluso, en lo personal, también voy sintiendo a veces hasta un síndrome del nido vacío, cuando hay días que me cuesta menos o me ocupo mucho de otras cosas y queda espacio, creo que hasta me deprime un poquito ya no estar en la euforia permanente de ser una dejadora.
Yo no se si es la adicción solamente. Creo que para algunos de nosotros el hecho cultural del ser fumador tiene un peso que hace al cigarrillo parte constitutiva de nuestra personalidad. Las gentes de izquierdas fumaban, Los intelectuales fumaban. Las mujeres sexy fumaban. Las mujeres independientes, las divorciadas, fumaban. Los artistas fumaban. Los tíos piolas fumaban. Los que resistían en todas partes, fumaban. Ser fumador en un tiempo no era sólo ser un boludo coptado por las publicidades de marlboro.
Ser fumador, al menos en mi lugar en el mundo, también tenía que ver con una manera de ser y de resistir. Y no quiero decir con esto, no soy tan boba, que la ultra derecha no fuma. Pero hay claramente para mí, y para muchos como yo, una asociación importante entre la adicción al tabaco y muchas elecciones ideológicas, éticas y de valores, del mismo modo que las hay a los momentos de placer o de estrés o lo que ya sabemos.
Auriga, por favor, no empieces a gritarme que no voy a fumar para parecerme un poquito a Janis Joplin, ya no. Ni a Frida. Pero hace tiempo quería escribir sobre esto, porque no lo hace positivo. Ni siquiera lo hace mejor o peor. Pero en mi caso al menos, el querer parecerme a mi tía Dora que fumaba unos via appia mentolados, que era la única maestra rural en 400 km a la redonda y se echaba un pueblo al hombro, por ejemplo, tuvo que ver. Y les parecerá mentira, pero a mis 43, todavía asocio bastante su bravura para poder con todo, con aquel cigarrillo que se fumaba en una tranquera, a la tardecita y paradójicamente ¡a escondidas de mi abuela que decía que las que fuman son todas putas!
Anoche hablaba con una amiga y con uno de mis hijos, y ellos no podían creer que hasta hace quince años, acá se fumaba en los hospitales, encima de los bebés, en los colectivos. Les da muchísima risa cuando lo comentamos. Tampoco pueden creerme porque no lo recuerdan, que hace veinte años nos pasábamos el día entero en la playa y sin filtro solar, y que no se hacía cáncer de piel por eso. Lo que quiero decir es que la evolución del mundo, los cambios de paradigmas y las imágenes que reemplazan a imágenes no siempre son el correlato de que algo bueno nos está pasando. Y no estoy dudando de lo bueno que es dejar de meterse humo en la garganta y fuego en los labios. Estoy diciéndome a misma y quizás especialmente a una que yo conozco, que aunque a veces no parezca, es definitivamente bueno no fumar, que no traicionamos a nada ni a nadie por eso, y que sí, Taberna. Volvemos a ser las mismas.
Solo que nos costará un poco, en el estante de la identidad, acomodar el casillero "y también quisiera fumar como...."

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sábado, 11 de octubre de 2008

Contra las erecciones inoportunas: Nicocalm

Pues sí, amigxs. Después de minutos de investigación y tras arduas reflexiones al respecto que han colocado mi única neurona en el borde de la extenuación irreversible, creo haber encontrado la solución definitiva para todxs aquellxs que se sienten importunadxs por la desconcertante irrupción del deseo sexual en sus pacíficas vidas. Al módico precio de 99,99 € al mes Vd. puede vivir al fin libre de las tentaciones de la carne. ¿Lo sabrán en el Vaticano?

Por ello me decido a romper momentáneamente ese principio no escrito de este blog que prohíbe la publicidad y me atrevo a patrocinar este producto por el bien de todxs nosotrxs. El vídeo está en inglés pero si no pilláis da igual, se entiende cristalina y meridianamente.

¿Las erecciones inoportunas te fastidian la vida?
¿Te impiden dormir, te hacen perder la concentración, molestan a tu pareja?

¿Y estás harto de ese antiestético bulto en los pantalones?

Disponible en Nicomarket tienda online