martes, 11 de noviembre de 2008

¿Así quién iba a dejarlo?


(Los labios que toquen el alcohol no tocarán los nuestros)
Campaña a favor de la prohibición legal del alcohol en EEUU, 1919.
Conclusión libre.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Fumadorxs militantes: Maldita Sea

Esta entrada es sólo para recomendaros encarecidamente la lectura del blog Maldita Sea, diario de a bordo de una nueva fumadora no practicante desde el 22 (?) de octubre, así que está ternita ternita. Haciendo honor a la hospitalidad que caracteriza a esta casa (a veces correspondida y a veces no), he corrido rauda y veloz a invitar a Maldita a pasarse por aquí y tomarse un cafelillo de esos que prepara CLJ.
Maldita escribe como habría escrito yo tras dos semanas de abstinencia, o sea, cagándose en la mar salada y jurando en arameo mientras clama al cielo por qué, Señor, por qué YO y en nombre de qué imprescriptible deuda kármica me tiene que tocar dejar de fumar precisamente a MÍ, con lo feliz que estaba yo con mis Ducados, mis charlas de café y mis cañitas con los amigos cigarro en mano.
Como aquí todxs tenemos un pasado, me he llevado de gratis unas sanísimas risas al leer "He estado mirando páginas y foros de exfumadores, por si podía encontrar algo de comprensión. Decepcionante. Parecen todos una banda de conversos a la nueva secta del aire puro. Igual de fanáticos e igual de cursis." ¡Me encanta Maldita! Comprenderéis que tuviera necesariamente que invitarla a un café. Claro, que igual entra aquí y le parecemos el colmo del almíbar, que nosotrxs nos creemos muy del norte pero luego en cuanto una publica una vomitona de más... en fin, corramos un estúpido velo a este respecto.

Y cuando cuenta que ha encontrado a alguien normal también es absolutamente genial: "Se llama extrujado y fuma. Ducados. Claro, así cualquiera es normal. Yo también lo era." El blog de Extrujado es la mar de curioso también, pero nosotros sólo podemos visitarlo a partir del año de abstinencia porque da muchas ganas de fumar. Si vais no digáis que no os lo advertí.

Pensé en escribir una entrada para ella sobre la inconveniencia de seguir siendo fumadora militante una vez que has decidido dejarlo y te has puesto a ello. Pensé hacerlo desde la legitimidad que me daba el hecho de haber sido fumadora outsider y militante como Maldita pero claro, ella qué sabe de mi vida, le parecerá una perorata almibarada de una fumadora conversa y sectaria. (Esta postura es del género bobo porque tú misma te estás haciendo la cama, Maldita, y ya es bastante jodido dejarlo cuando estás convencida como para encima boicotearte a ti misma, que lo sé de buena tinta). Quería yo escribirle sobre eso pero, mirad, no estoy inspirada y en el fondo ya recogía lo que iba a decirle en mis dos últimas entradas, que me repito más que el bacalao.
En fin, a ver si el resto estáis más puestos y le desmontáis alguna cosilla pequeña así para empezar (con mimo, Auri, que todavía es pequeña). Yo mañana me inspiro un poco más, lo prometo.
PD: En algo tiene razón: Somos una secta, la Orden Milenaria de la Boca Grande (y fresca), cuya Asamblea Constituyente declaró formalmente inaugurado este blog el 22 de julio del corriente.

jueves, 6 de noviembre de 2008

De película

En quince días estaré en Estados Unidos así que supongo que pasaré una temporada sin leeros. Por mí no se preocupen ustedes porque si hay un sitio que no es tentador para fumar es precisamente ese país.

La última vez que estuve allí hacía un frío espantoso. Mi pareja y yo fumábamos muchísimo así que hacíamos turnos y uno se quedaba dentro con las bebidas y el otro salía a temblequear con un cigarro entre los dedos amoratados. Aquel viaje estuve la mitad del tiempo solo y la otra mitad con ganas de fumar.

Podría parecer una tontería pero mis recuerdos de ese viaje son inseparables de la ansiedad que me producía la “ofensiva persecución norteamericana al fumador”, tan enfadado estuve que recuerdo haber dicho al ver a un señor gordísimo comiendo una hamburguesa que por qué no ponían enormes etiquetas a los envases de McDonalds avisando que su uso podría provocar obesidad mórbida. Ahora que lo pienso yo además de fumador soy mezquino.

Recuerdo la felicidad al descubrir en un entreacto de Tosca en el Metropolitan una terraza en la que se permitía salir a fumar con tu copa, disfruté más el tabaco y del champagne que la ópera.
Una noche, en un bar ya cerrado de unos amigos de unos amigos pudimos fumar mientras nos tomábamos la última copa. Qué placer la clandestinidad, como si me hubiera metido en una película de cine negro y estuviera bebiendo durante la ley seca, casi me veía con el traje de rayas y el sombrero flexible.

En una terraza en TriBeCa después de pagar una fortuna por un Cosmopolitan y darle una propina impensable a un camarero se nos permitió un cigarrillo discreto, pero yo ya había tenido mi momento Sexo en Nueva York.

Si, reconozco que mi peliculismo es tan grave como mi adicción al tabaco y ahora que vuelvo sin fumar tengo miedo a ponerme a bailar en plan Fama en la fuente del Lincoln Centre o a comerme un croissant en Tiffanni’s. Pero de algo hay que morir y mira puede ser de vergüenza cuando me detengan, y a mí me gusta hacer ridiculeces y hay gente que las hace y vive hasta los noventa años, pero sobre todo tengo que decir que ser un payaso no daña el esperma ni produce insuficiencia cardíaca, ni cáncer y además es gratis.

martes, 4 de noviembre de 2008

Fumadorxs outsiders y marginales


El outsider, el del lado de fuera o el del otro lado. El que vive en los márgenes, o sea, el marginal. Pero aunque el diccionario define 'marginal' como "que vive o actúa, de modo voluntario o forzoso, fuera de las normas sociales comúnmente admitidas", lo cierto es que en román castellano 'marginal' equivale a 'marginado', con la connotación socioeconómica más baja del espectro lingüístico lindando con la criminología de la pobreza. Es mucho más atractivo ser un outsider, dónde va a parar. Un marginal no se hipoteca porque no puede, mientras que un outsider no lo hace porque no le da la gana. Un marginal aplaude en los límites del círculo sin atreverse a bailar en el centro porque lo hace como los rinocerontes pero desearía bailar con el desparpajo y el estilazo que no tiene. Mientras tanto, el outsider observa el espectáculo con la misma distancia con la que un antropólogo toma notas sobre una boda kiswahili, pero baila mejor que Cyd Charisse que en paz descanse, por supuesto, lo que pasa es que no se prodiga. El marginal es excluido, el outsider se autoexcluye.
También influye el hecho de que en inglés todo suena más moderno, más cool y más cultureta. Si a un pintor lo califican de marginal es que es un pobre desgraciado que no se come un colín y vive y morirá en la indigencia. Pero si un crítico le dedica el término outsider... ay amigxs, lo acaba de poner de moda. Invertid en el prenda que cuando la palme va a cotizar más que Warhol. Y si es director de cine para qué contaros. El outsider tiene el encanto del rebelde, del original, del auténtico y personal irreductible y distinto a la mayoría. Distinto, o sea, que tiene distinción.

Yo he sido fumadora outsider. De las que entendía que fumar pertenecía al mismo clan lingüístico que palabras como rebeldía, resistencia, incorrección, contracorriente, riesgo., sexo, drogas, rock and roll, negro, niña mala.. Palabras como saludable, sano y deporte son palabras mayoritarias, correctas, blancas, buenistas, antagónicas del tabaco. Yo fumaba porque quería. Porque me gustaba. Y nadie tenía por qué impedírmelo ni por qué insistir en que tenía que dejarlo. ¡Por supuesto! Es que si no quería fumar ni me gustaba y seguía fumando, alguien me habría dicho que era imbécil, y no es plan.

Que sí, que fumar era muy malo y te podías morir. Pues como tantas cosas que matan, desde los accidentes de tráfico hasta los transgénicos. ¿Y a quién le importaba una cosa tan lejana y tan improbable? Con la cantidad de problemas que hay en el mundo y ahora irme yo a preocupar de esa cuestión. Yo soy una persona profunda y rebelde y me preocupo de cosas importantes en la vida como por ejemplo el conflicto árabe-israelí, las garras invisibles de los mercados financieros o lxs niñxs soldadx de la guerra del Congo. Ya me moriré yo de lo que me dé la gana, que todo el mundo tiene sus defectillos y aquí la que no fuma va al bingo.

Y todas esas milongas me contaba mi mono particular para justificar que necesitaba fumar, así que más me valía que me gustase (reducción de disonancias cognitivas, una vez más). Y el caso es que realmente me gustaba esa sensación de paz y calma que me ahuyentaba momentáneamente la ansiedad ... la que me provocaba mi adicción. Me gustaba el territorio oscuro, ese lugar extraño lleno de imágenes poéticas e ideas inquietantes que me existía en algún lugar y al que llegaba a horcajadas sobre una voluta de humo y chasqueando los talones como Dorothy.
Así que yo fumaba porque quería, o porque no sabía relajarme de otra manera, ni llegar al territorio oscuro por mis propios medios, ni charlar en un café sin ocupar las manos, ni casi pensar de otra manera. Pero no porque lo necesitase, ¿eh? Porque me gustaba. No porque no pudiera dejarlo, ¿eh? Porque quería. Ya que fumo, al menos dejadme el discreto encanto del outsider bogartiano, que los fumadores marginales tienen la tendencia antiestética y nada cool de morirse de cáncer entre toses y olores intestinos o vomitan sanguinolentas metástasis que no tienen nada de rebeldes salvo la resistencia a los antibióticos.

Y se puede dejar de fumar y seguir preocupándose por la militarización de lxs niñxs en el Congo. Incluso se puede unx ocupar del asunto.