
Hoy he cumplido un año sin fumar. Parece que fue ayer mismo cuando me fumé el último mientras miraba cómo caían las doce en el reloj, la hora que marcaba el gran paso. Y sin embargo se me ha hecho eterno, también. Cierto es que un año sin fumar no es más importante que 350 días o 380, pero para mí tiene un peso simbólico más allá de que sea poco o mucho tiempo. Es un ciclo completo de vida, una maqueta temporal en la que supuestamente podemos vivirlo todo, momentos de prosaica felicidad, de placer, de angustia o dolor, estrés… En teoría, en un año me han ocurrido todas las posibles circunstancias que pueden ponerme al borde de la recaída, por lo que podríamos decir que si he podido no fumar en un año puedo no fumar eternamente, ¿no?
Hemos visto que, una vez pasados los primeros meses de tirones físicos y en los que poco a poco se han ido desmontando las asociaciones al tabaco más habituales, viene una época de especial peligro, de calma chicha, una época en la que se nos olvidan los motivos por los que quisimos dejar de fumar porque ya han desaparecido esos molestos efectos del fumeque. Nos encantaría estar así de bien y además fumar pero, queridxs míxs, el tabaco y el bienestar son como las dos caras de una misma moneda, que no las puedes ver nunca a la vez. Así que hay que elegir, porque si eliges volver a fumar, eliges volver a estar hechx un guiñapo… Y aunque sólo sea por lo que cuesta, que entre las histerias, los quilos de más, las depresiones y los latigazos que se da una, se te quitan las ganas de hacerlo más veces.
Os juro que en este momento no me conozco. Por un lado porque jamás confié en mí misma lo suficiente para apostar nada a que iba a ser capaz de aguantar un año, así que en este momento me doy una gran sorpresa y no me parezco yo misma. Y por otro, porque peso tropecientos quilos más que hace justo un año, y son muchos como para reconocerse tan fácilmente en el espejo. Me gustaría decir que ha sido más fácil de lo que parece pero no, no lo ha sido, a mí me ha costao un huevo de pato y aún no he terminado de evaluar las pérdidas. ¿Otras personas lo dejan fácilmente y sin tantas parafernalias? Pues eso parece, pero esas son otras personas. Yo me siento como si volviera de un año de internamiento en una comunidad terapéutica. Gracias a todxs lxs que me habéis echado un cable en esta ruta, pues a todxs os debo algo importante. Ya sea un guantazo a tiempo, unas risas o una palmadita, el hecho es que parecen estar surtiendo efecto. Está claro que, como todo lo fundamental en la vida, dejar de fumar se lleva mucho mejor en colectivo.